Ética en los medios
de comunicación
Por: Minely Gabriela Robles Rivera
En la actualidad son
numerosas las conferencias e investigaciones acerca de la credibilidad de los
medios noticiosos, un aspecto ineludible de la sociedad moderna y cuya
credibilidad se encuentra en entredicho. Los mismos profesionales del
periodismo no cesan de escribir artículos y libros variopintos sobre la ética
de la profesión, con lo que colaboran a informar abiertamente sobre el
deprimente estado de su imagen pública.
Esta circunstancia
puede relacionarse con una conciencia cada vez mayor del público del poder de
los medios noticiosos en las vidas de las personas. En este mundo de finales
del siglo XX, con sus nuevas tecnologías y misteriosa economía global la moral
se encuentra suspendida de una cuerda bastante floja. La iglesia, la familia y
el matrimonio han perdido su arraigo en los corazones de la gente y las
espantosas realidades de las que nos informan ineludiblemente la televisión, la
radio o la prensa escrita lastiman y, cuando menos, incomodan la sensibilidad
de las personas. En permanente conflicto con la obligación de retransmitir la verdad,
la ética en los medios de comunicación debe también de ser abordada por los
receptores de la información, pues nada obliga al ciudadano a mostrar férrea
credibilidad, y mucho menos atención, a todo cuanto se le ofrece en los medios,
habiendo todavía un mínimo de libertad en gustos y preocupaciones (alejándonos
así de una aceptación total del concepto de la agenda setting).
De cualquier modo, y
al igual que todo cuanto se sustenta en una gran industria, existen numerosas
pruebas evidentes como para identificar las influencias de la organización del
medio sobre los periodistas y así analizar la epistemología del periodismo en
busca de factores que pudieran explicar los límites a su papel de cronista de
la verdad útil y de la realidad misma. Incluso el periodismo con mayor
consideración de objetividad tiene grandes influencias de los valores de la
ocupación y de la sociedad, sin poder tachársele de parcial, subjetivo o tendencioso. El contexto
social, económico y cultural es un factor ineludible a la hora de la selección
de las noticias y su modo de interpretarlas y cualquier tipo de visión fuera de
éste resulta completamente utópico. La misma profesión del periodismo, pragmática
y materialista, no acoge con agrado la tarea de definir la ética de la
profesión, algo que puede perderse fácilmente por derroteros abstractos.
Con esto se pretende
dejar claro desde un principio que la búsqueda de una ética para el periodismo
no es tarea fácil y que la mayoría de los autores consultados, salvo en
aquellos puntos relativos a un derecho natural e intuitivo, discrepan en su
modo de enfocar el asunto. No obstante, existen una serie de autores y escritos
que han ido desarrollándose desde mediados de siglo que sí son aceptados por la
mayoría. Encontramos así Four Theories of the Press, de Siebert,
Peterson y Schramm, o las encuestas acerca del estado de la ética en la profesión
llevadas a cabo por Swain y Goodman, mereciendo mención especial la labor de
tres organizaciones: La Escuela de Periodismo de la Universidad de Lousiana, el
Institute of Society, Ethics and the Life Sciences de Nueva York y la Gannett
Foundation. Así, y viendo que verdaderamente se trata de un tema de suma
relevancia, y aunque no pueda aplicársele la misma importancia que a
profesiones como la medicina o la abogacía, el periodismo sí parece necesitar
de una cierta responsabilidad profesional.
Como ya comentábamos
anteriormente, las noticias transmiten de manera regular, puntual y monótona
listas de peligros, desastres, faltas y anulaciones que con frecuencia provocan
dolor, desilusión y un frustrante sentimiento de impotencia individual. El
dilema aparece cuando estos acontecimientos son los de mayor relevancia en la
realidad de la sociedad y bajo qué criterios han de ser seleccionados los
hechos clasificables como noticias. Nos sale así un permanente ciclo en el que
un acontecimiento es noticia si y sólo si estaba emparentado con otros hechos
noticiosos. ¿Puede entonces hablarse de parcialidad cuando los medios revelan información
que no concuerda con la imagen de la situación que ya se han formado los
espectadores en su cerebro? ¿Quién es aquí mayor víctima de los prejuicios,
mensajero o receptor?
Dejando de lado estas cuestiones,
debemos acordarnos también de una serie de acontecimientos en el mundo del
periodismo que no han hecho sino acrecentar la desconfianza en los medios:
Janet Cook, joven reportera del Washington Post, perdió su premio Pulitzer al
reconocer que su escalofriante reportaje acerca de un niño de ocho años adicto
a la heroína era inventado o cuando Christopher Jones del New York Times
confesó haber escrito una de sus estremecedoras crónicas de la guerra de
Camboya de vacaciones en su casa de España. Resulta, pues, difícil separar la
buena noticia de la mala, y dentro de las buenas poder situarlas en un determinado
contexto que nos ayude a aproximarnos a la verdad, si acaso existiera ésta. Las
múltiples investigaciones de científicos sociales y otros estudiosos de los
medios de información, no obstante, nos han llevado a poder afirmar una serie
de puntos en lo que respecta a esta profesión:
Las noticias no constituyen un
producto con definición objetiva, sino un fluido proceso humano que tiene como
guía principal a las convenciones, útiles tanto para fines comerciales como
para los de servicio público.
Los medios noticiosos sirven a la
logística y a las necesidades económicas de la organización noticiosa, y no
tiene como impulso principal los ideales de servicio público.
Estrictamente, resulta imposible
realizar un reportaje objetivo dada la subjetividad que interviene en
la recopilación de información.
Los medios no actúan como guardianes
permanentes de las acciones del gobierno, rara vez toman la iniciativa y lo
común es que actúen como relatores pasivos del status quo, a los que los
detentadores del poder con frecuencia manipulan.
La independencia de los medios es un
mito, existiendo grados de independencia, pero estando la libertad de acción de
los reporteros y editores restringida ante presiones de los propietarios, compañeros,
valores sociales y costumbres.
Estos puntos son similares a los expuestos
por Roshco para poner en guardia contra los efectos imprevistos de un
periodismo que abogue a favor de causas, por nobles que sean: las fuentes de
las noticias son, como hemos dicho, básicamente interesadas. Aunque el
periodista tienda a vender la noticia como propia, como obtenida por él, ésta
ha sido verdaderamente requerida por la fuente. Pero, ¿quién escoge la noticia
que oímos y tira a la basura las nueve restantes? Este personaje oscuro e
influyente es el llamado gate−keeper, término acuñado por el psicólogo Kurt
Wein hacia 1947−48. Más que a una persona determinada, hace referencia tanto al
propietario del medio como a los valores morales vigentes, la posibilidad de
sanciones o las normas.
Llegamos, pues, a una conclusión en la
que quien esto escribe coincide con varios teóricos del periodismo: las
noticias no son sino un fiel reflejo de cuanto la sociedad exige, muy por
encima de los deseos e intereses de un solo individuo. Incluso cuando se están
dando opiniones enfrentadas éstas no hacen más que representar a colectivos
opuestos, que exigen que un medio de comunicación les apoye. Bajo esta consideración
no podemos hablar propiamente de una ética de la profesión, pues las noticias
no son sino un fiel reflejo de la sociedad.
La ética deberá, pues, trasladarse a la
sociedad y no a su espejo. Una vez fijados estos pilares sobre los que poder
comprender todo el fenómeno mediático, podemos comenzar ya a teorizar sobre las
normas de conducta del profesional del periodismo, aunque, como hemos
comentado, consideremos que carezcan de validez plena. Así, encontramos el
informe elaborado por la Comission on Freedom of the Press, encabezada por
Robert M. Hutchins, en el que se destaca el aspecto fundamental de la ética
periodística: su responsabilidad social. Se resume el informe en estos cinco
puntos:
Suministrar una relación completa y
apegada a la verdad de los acontecimientos del día en un contexto que les dé
significado.
· Servir como forro para el intercambio
de comentarios y críticas:
· Ofrecer una imagen representativa de
los grupos que constituyen a la sociedad.
· Presentar y aclarar las metas y los
valores de la sociedad
· Suministrar acceso completo a la
inteligencia del día
En el mundo audiovisual en el que nos
encontramos no podemos únicamente limitarnos a aspectos que pueden atribuirse
principalmente al contenido de las noticias, pues su carácter sensorial hoy
resulta igualmente importante. Así, podemos encontrar también una ética para
las imágenes, debiéndose de seguir según la periodista Mª Ángeles San Martín
Pascual, estas cuatro convenciones:
Aprender a ver, seleccionar y valorar
ética, estética y gráficamente la realidad.
Representar la realidad de forma tal,
que no requiera texto explicativo o, en su caso el menor número de palabras
posibles.
Hacer posible que el público vea la
imagen y la relacione con lo que ven en la realidad, aprendiendo así a ver lo
que nos muestra la imagen.
Entender y comprender el propio
lenguaje visual, que tiene unas claves y expresiones plásticas diferentes según
se trate de televisión, fotografía de exteriores, retratos, etc.
A pesar de estos bellos y académicos
intentos por fijar una serie de valores para el profesional del periodismo, seguimos
considerando que éste actúa según lo que la sociedad le exige; independientemente
de esto nos encontraríamos con la habilidad del periodista con las palabras, lo
que le valdría el nominativo de buen o mal periodista, pero, ineludiblemente
dará a sus lectores lo que éstos le exijan.
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